Discurso integro de Ramfis Dominguez Trujillo  sobre Pacto Mundial para la Migración

Discurso integro de Ramfis Dominguez Trujillo  sobre Pacto Mundial para la Migración

Buenas tardes, quisiera dar inicio a mi intervención de hoy, enviando a todos ustedes, mis hermanos y hermanas dominicanos y dominicanas un caluroso y patriótico saludo, en estas horas en que pende sobre la nación, como una espada de Damocles, la amenaza representada por poderes extranacionales que quisieran borrar de golpe y porrazo la gloriosa historia de la construcción de nuestra soberanía, nacionalidad e independencia.

Hoy, con todo el derecho moral que me asiste al ser el único Candidato Presidencial abanderado como defensor de la patria frente a la descontrolada invasión pacifica de nuestros vecinos, quiero dejar constancia ante la historia, el pueblo dominicano y el mundo, sobre mi posición respecto a la siniestra trama que se entreteje en salones extranjeros contra los intereses de la patria.

Se trata de que la Organización de las Naciones Unidas (ONU), ha conminado al gobierno dominicano a firmar el Pacto Mundial para la Migración, un pacto que obliga a abrir de par en par las fronteras nacionales para posibilitar en los hechos, la fusión de dos naciones con distintas culturas, idiomas, valores e historia, que solo tienen en común el compartir la isla, dividida en dos mitades.

El aludido pacto enajenaría el poder de decidir los asuntos concernientes a nuestra política migratoria, trasladando esta facultad del Estado dominicano a los centros internacionales que buscan mediatizar la soberanía nacional.

Esta obscena propuesta de la ONU impulsaría un éxodo masivo de ilegales haitianos hacia la República Dominicana y no es más que un extremismo inaceptable que fomentará la inmigración mundial, comprometiendo los firmantes a 23 objetivos migratorios que arrebatan derechos fundamentales inherentes a la autonomía nacional. Pese a que en sus inicios se presentó como un documento “no vinculante”, en su versión final pide a los países subscritos elaborar programas especiales para la aplicación de todo lo convenido.

Este esperpento jurídico convierte la migración en un derecho humano, cuando en realidad es un beneficio que se debe construir sobre la base del cumplimiento y a la adhesión a las políticas migratorias del país receptor. Sin embargo, este convenio obliga a los países firmantes aceptar a todo emigrante, quebrantando los derechos de expulsión o repatriación del mismo sin importar su origen, condición o antecedentes penales. Asimismo, el Pacto Mundial para la Migración impone sobre la nación recibidora el peso económico de cada emigrante sin límites, empobreciendo aún más, en efecto, a países ya endeudados como es el caso nuestro, donde cada año nos gastamos 43 mil millones de pesos solo en la alimentación de los nacionales haitianos.

La República Dominicana y Haití son dos realidades diferentes y como tales deben mantenerse, pues aquí NO CABEN DOS BANDERAS. Me dirijo al país para sonar la alarma ante el inminente peligro de que puedan concretarse planes que bajo distintos disfraces conceptuales buscan el fin de fusionar los dos países en uno solo.

Mi temor, es que ante un gobierno pusilánime, acostumbrado a inclinar la cabeza, podamos ceder inadvertidamente a las presiones internacionales, firmando un pacto que nos obligaría a renunciar a la soberanía nacional. Ante esa situación, llamo al pueblo dominicano a mantenerse vigilante y exigir al gobierno que se ponga los pantalones para impedir que este despropósito anti-nacional, anti-dominicano, pueda llevarse a cabo.

Si el gobierno del presidente Danilo Medina accede a firmar esa ignominia, estaría decretando la destrucción de la patria que con tanta sangre y sacrificios forjaron los héroes y fundadores de la República Dominicana, como Duarte, Sánchez, Mella y Luperón, entre otras espadas valerosas.
Desde ahora, imbuido por los mismos ideales que animaron a nuestros prohombres a preservar nuestra integridad nacional y los valores que definen nuestra nacionalidad, me declaro en pie de lucha para impedir que se consuma esta traición a la Patria.

En vez de proceder a la firma de ese adefesio jurídico que anula en los hechos nuestra libre determinación en asuntos migratorios, exigimos de manera categórica, que tanto el presidente Medina como su ministro de Relaciones Exteriores, rechacen tajantemente dicho pacto, en razón de que constituye una afrenta a la soberanía nacional y que en el fondo solo busca concretar el viejo “plan de unificar la isla”, confabulándose con el radicalismo liberal y aberrante que tanto daño le ha hecho a la humanidad.

Ante esos oscuros designios extranjeros, nuestro país, la República Dominicana, debe levantar nuestra Carta Magna como estandarte, exigiendo el debido respeto a nuestras leyes, a nuestro ordenamiento jurídico y a la libertad de regir nuestro destino conforme nuestros reglamentos constitucionales e institucionales. Es nuestro derecho, como nación libre y soberana.

Nuestro país no está obligado a cargar a cuesta con los problemas haitianos, demasiados problemas tenemos con los nuestros y nadie viene a solucionarlos por nosotros. Por ende, nuestra frontera debe ser sellada y blindada a través de la construcción de un muro que impida la entrada masiva de indocumentados.

Ese muro comenzará a erigirse cuando yo asuma la presidencia en el año 2020.
A ese gobierno que se apresta a firmar el próximo 11 de diciembre en Marruecos semejante adefesio, estampando nuestra claudicación frente a organismos supranacionales, les decimos que encontrarán de frente a todos los buenos dominicanos y dominicanas que amamos este terruño, regalo de Dios y legado de nuestros antepasados.

Todos unidos, sin parcialidades políticas, motivados por el reconcomio nacionalista y patriótico, y armados con el pensamiento de Juan Pablo Duarte que expresó: “Mientras no se escarmiente a los traidores como se debe, los buenos y verdaderos dominicanos serán víctimas de sus maquinaciones”. “El Gobierno debe mostrarse justo y enérgico…O no tendremos Patria y por consiguiente ni libertad ni independencia nacional”.

Los hombres y mujeres que amamos verdaderamente nuestro país, reclamamos de este gobierno dignidad, responsabilidad y firmeza para parar en seco los intentos de condicionar nuestra soberanía, la cual no está resguardada en manos de un gobierno que se pliega a las presiones, cantando como un gallo para después poner como una gallina en el tema migratorio.

Ante unas autoridades que han fallado en su deber de proteger nuestras fronteras y hacer cumplir las leyes que rigen nuestras políticas migratorias, es una realidad ineludible que debemos luchar sin tregua contra esta irresponsable actitud de dejar hacer y dejar pasar.

La inmigración ilegal le está saliendo demasiado cara a nuestro país. Estamos gastando miles de millones de pesos al año en atender a parturientas haitianas y en todo tipo de atenciones de salud a los millones de haitianos que ya tenemos aquí adentro. Nos estamos convirtiendo en importadores de pobreza y subdesarrollo de gente con un bajo nivel educativo que pesan más en el presupuesto nacional que lo que aportan con su trabajo de poca calificación. Así ningún país puede progresar. ¡Necesitamos Mano Dura contra ésta oscura invasión!

En política migratoria somos un puro y total desastre. Nada más hay que pararse en cualquier esquina y veremos cómo desfilan por doquier los haitianos ante nuestros ojos. Las calles, los barrios, los autobuses, los puestos de trabajo de bajo grado, están llenos de haitianos, quitándoles las plazas de trabajos a los dominicanos más vulnerables. Es una fusión que se ha venido dando lenta pero progresivamente, aunque en los últimos tiempos parece que han apretado el acelerador de la fusión entre las dos naciones, evidenciado con la masiva penetración en los más de 80 puntos de la frontera con Haití.

Pero eso ya tiene fecha de caducidad. Eso será hasta el mes de mayo del año 2020, cuando las urnas se llenarán de votos nacionalistas, patrióticos, PDIstas y ramfistas.

Tan pronto como sea presidente, voy a asegurar nuestra frontera, repatriando a todos los inmigrantes asentados en nuestro territorio de manera ilegal, humanamente y respetando los derechos de cada cual, pero bajo el mandato de nuestras leyes y nuestra Constitución. Aquellos que están aquí de manera ilegal que se preparen. Van a tener que irse por donde mismo vinieron. Tendrán que regresar a su casa, para que se hagan cargo de su propio destino o sean atendidos por sus protectores extranjeros que no los quieren en sus países, sino que presionan para que los asimilemos en nuestro escaso territorio.

No va a ser así. Esos días se acabaron.

Que lo tengan bien claro. Vamos a recuperar nuestro país, vamos a frenar la haitianización que camina en marcha acelerada para crear una nueva realidad sobre el terreno, una situación de hecho consumado.
Culminaremos el reordenamiento de nuestras políticas migratorias con la construcción de un gran muro que recorrerá toda la frontera con Haití, de norte a sur. Esto es lo que el pueblo dominicano quiere y merece: ellos allá y nosotros aquí. En eso no aceptamos vuelta floja. Para aquellos que alegan, que este muro afectaría de manera adversa la relación comercial entre ambos países, quiero dejarles claro que por contrario, este murallón nos ayudará a regularizar este intercambio, fiscalizando todo lo que entra y sale, y asimismo, acabará con el contrabando y el narcotráfico que impera en nuestro territorio proveniente de Haití.

También les quiero asegurar que todo ese dinero que hoy gastamos en tirarnos a cuesta a los inmigrantes ilegales, lo vamos a invertir en adecentar la vida de los dominicanos, con mano dura contra esta invasión y un corazón grande para el pueblo dominicano que necesita desesperadamente mejorar sus condiciones de vida, donde hoy más del 50% exhibe altos niveles de pobreza.

Voy a enderezar el país y lo voy a arreglar rápido, con mano dura pero justa. Voy a gobernar para el bienestar de ustedes y de su familia, para todos los dominicanos y dominicanas. Juntos, podemos salvar a la República Dominicana del proceso creciente de desdominicanización y haitianización.

Les pido desde esta tribuna que me acompañen en la misión de luchar a brazos partidos para preservar nuestra dominicanidad, hoy en serio peligro de extinción.

No dejo de reconocer que la migración haitiana hacia la República Dominicana que hoy parece indetenible, se produce a causa de la pobreza y marginalidad social que pulula en Haití, y que los empuja a huir de las condiciones de miseria generadas por un Estado fallido y fallado. Sin embargo, eso no quiere decir que tengamos que absorberla.

Que la absorban las naciones desarrolladas que tienen bastante territorio donde caben muchas repúblicas dominicanas.

Con mano dura además acabaremos con el negocio del tráfico humano en la frontera dominico-haitiana que enriquece a muchos militares, cónsules, funcionarios, gobernadores, terratenientes y grandes constructores que se aprovechan de esa mano de obra barata y abundante, a la cual explotan sin misericordia.

La realidad es que hoy nuestro sistema migratorio es disfuncional, es pasto de la corrupción y es víctima de los negocios de sectores poderosos que se lucran con la porosidad de nuestras fronteras.
Sería demasiado ingenuo esperar de este gobierno la entereza, la voluntad y la firmeza necesarias para defender el interés nacional y enfrentar males como la delincuencia, el narcotráfico, la inseguridad ciudadana, y la corrupción rampante.

Pero el pueblo ha dicho basta ya, y está consciente de que nuestro liderazgo está podrido, que ha demostrado su incapacidad y su afán exclusivamente por el enriquecimiento ilícito de todos los que hoy nos desgobiernan.

El pueblo pide a gritos mano dura contra los corruptos, contra los delincuentes, contra la invasión haitiana, y contra todos los males que afectan despiadadamente a nuestra Patria y a nuestros conciudadanos.

Es oportuno recalcar y traer a colación, que la Organización de las Naciones Unidas que ahora se propone a que firmemos el Pacto Mundial para la Migración que aniquilaría nuestra nación, tiene como precedente los esfuerzos de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos que quiso cercenarle a la República Dominicana el derecho soberano a limitar constitucionalmente la adjudicación de nuestra nacionalidad, como lo hacen la inmensa mayoría de los países del mundo.

Pretendían imponer sobre nuestras leyes, el precepto de que todos los hijos de ciudadanos haitianos ilegales que nacieren en la República Dominicana, se reconociesen como dominicanos, gozando de todas las prerrogativas que confiere la misma.

Las pretensiones de desconocer nuestra soberanía interna en materia de nacionalidad, no vienen de ahora. Saben que contamos con un gobierno acomplejado, miedoso, y corrupto, al que no le interesa salvaguardar la dominicanidad.

Consideran que la patria es de ellos, y solo para servirse de ella.
Pero todavía no es tarde, aún estamos a tiempo para acabar con esta anómala situación, aclarando que no nos mueve ningún sentimiento racista ni de xenofobia.

Esto no es óbice para reconocer que la política permisiva de fronteras abiertas es una evidente traición a la dominicanidad, a la patria, y a los creadores de nuestra nacionalidad.

Por todo lo anterior, por compromiso con la patria y el futuro del país, llamo a todo el pueblo dominicano a reaccionar frente a la materialización del viejo sueño haitiano y de los promotores internacionales de la agenda migratoria haitiana que pretenden la unificación de la isla en un solo país.

A todos los sectores antinacionales y a sus patrocinadores extranjeros les digo que me tendrán a mí y todo el pueblo dominicano de frente para abortar los intentos de destruir a la República Dominicana. ¡Nuestra nacionalidad, nuestra dominicanidad, y nuestra Patria la a vamos a preservar, lucharemos sin tregua hasta lograr la recuperación íntegra de nuestra soberanía. ¡Lo juro ante Dios, el pueblo Dominicano y el mundo!

¡Que Dios nos bendiga a todos y que viva por siempre la República Dominicana!

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