Hepatomegalia: causas, síntomas y tratamientos

Hepatomegalia: causas, síntomas y tratamientos

La hepatomegalia puede acompañarse de náuseas, vómitos, ictericia, dolor y cansancio. No obstante, los síntomas variarán en función de la causa. Te lo explicamos.

Hepatomegalia: causas, síntomas y tratamientos

La palabra ‘hepatomegalia’ es un término médico que se emplea para referirse al hígado que tiene un tamaño mayor de lo normal. No es como tal una enfermedad, sino más bien un signo que puede aparecer en múltiples patologías diferentes.

El hígado es uno de los órganos que interviene en la eliminación de las toxinas del organismo. También cumple una función muy importante en la digestión, en la síntesis de ciertas proteínas (como los factores de coagulación) y en el almacenamiento de glucógeno.

La hepatomegalia puede ser uno de los primeros indicios de que este órgano esté dañado o inflamado. En este artículo te explicamos por qué se produce, qué síntomas acompañan y cómo se trata.

¿En qué consiste la hepatomegalia?

La hepatomegalia es el aumento del tamaño del hígado. Este es un órgano situado en la parte superior derecha del abdomen, bajo el diafragma.

Mide unos 15 centímetros de ancho. Suele pesar algo menos de 1,5 kilogramos. Tiene una importante función metabólica, ya que dentro de él se llevan a cabo reacciones enzimáticas que permiten eliminar toxinas de la sangre.

La hepatomegalia es el resultado de un proceso inflamatorio en este órgano. Por lo tanto, no es una enfermedad como tal, sino un signo que puede aparecer en diversas patologías.

Aunque la principal causa de este problema son las enfermedades hepáticas, hay otras entidades que pueden dar lugar a esto. Por ejemplo, la insuficiencia cardíaca. En muchos casos puede tratarse de algo reversible, pero en otros es el primer aviso de un deterioro hepático grave.

Síntomas de la hepatomegalia

La hepatomegalia no tiene por qué dar ningún síntoma. Sin embargo, como hemos señalado, suele estar asociada a otras patologías. Por eso es frecuente que aparezcan signos en función de cuál sea la causa del proceso subyacente.

Por ejemplo, es habitual que haya dolor o molestias abdominales. También la distensión del abdomen, el cansancio, las náuseas y los vómitos son habituales. En muchos casos aparece ictericia, que es la coloración amarillenta de la piel y la parte blanca de los ojos por culpa de la elevación de la bilirrubina en la sangre.

Ictericia en los ojos.

La coloración amarillenta de piel y mucosas se debe al aumento de la bilirrubina en la sangre, lo que puede o no vincularse a una hepatomegalia.

¿Qué la puede causar?

La hepatomegalia puede estar causada por múltiples enfermedades. Según afirma una publicación de la Cleveland Clinic, el principal origen son las patologías hepáticas. Son todas aquellas que afectan al hígado.

Una causa frecuente es la hepatitis de origen vírico. Es decir, las infecciones por los virus de la hepatitis A, B, C, D y E, que provocan inflamación.

La esteatosis, por otro lado, es un proceso por el que se acumula grasa a nivel hepático. Esta acumulación puede deberse a un consumo excesivo de alcohol o a la obesidad.

Otra de las causas de hepatomegalia es la cirrosis. Consiste en la aparición de tejido fibroso en el hígado, a consecuencia de un proceso inflamatorio crónico que desorganiza el tejido, generando cicatrices que interrumpen el normal funcionamiento de los hepatocitos (las células del hígado).

La obstrucción de las vías biliares, ya sea por cálculos o por procesos tumorales, también se asocia un aumento del tamaño del hígado. De hecho, cualquier tumor que aparezca en el propio órgano, ya sea benigno o maligno, puede hacerlo.

Otras causas de hepatomegalia relacionadas con enfermedades hepáticas son las siguientes:

  • Hemocromatosis: es una enfermedad en la que se acumula hierro en el hígado.
  • Enfermedad de Wilson: en este caso se acumula cobre.
  • Amiloidosis.
  • Quistes hepáticos.

Causas de hepatomegalia fuera del hígado

Acabamos de señalar que cualquier tumor puede dar lugar a este problema. Es importante destacar que el hígado es un órgano que se suele afectar por las metástasis de tumores originados en otras zonas del cuerpo. Por eso el cáncer está detrás de varias hepatomegalias.

Los problemas cardiovasculares también. Por ejemplo, la insuficiencia cardiaca congestiva o la pericarditis. Del mismo modo, puede hacerse patente en problemas valvulares, como la estenosis mitral o de la tricúspide.

Factores de riesgo

En la actualidad se conocen los factores que aumentan el riesgo de padecer hepatomegalia. Según explican los especialistas de la Clínica Mayo, uno de los grandes determinantes es el consumo de alcohol. Consumir numerosos medicamentos, vitaminas o suplementos también puede incrementar la probabilidad. La razón es que la gran mayoría de los fármacos se metabolizan a nivel hepático.

La alimentación es otro de los factores más influyentes. Se ha comprobado que tener sobrepeso o llevar una alimentación rica en azúcares y grasas aumenta la probabilidad de hepatomegalia.

Las infecciones, no solo por el virus de la hepatitis, sino por parásitos u otras bacterias y virus, actúan como predisponentes. Por último, ciertos suplementos herbales, como la valeriana, también.

¿Cómo se diagnostica la hepatomegalia?

De forma normal, el hígado no se puede palpar en el abdomen. Cuando hay hepatomegalia suele ser posible percibirlo al tacto bajo la última costilla del lado derecho. Por eso la exploración física suele ser el primer paso para el diagnóstico.

No obstante, se requieren una serie de pruebas complementarias para orientar la causa del cuadro. La más empleada es el análisis de sangre. Mediante el mismo se pueden determinar una serie de marcadores de la función hepática.

Las pruebas de imagen, como la ecografía, la resonancia magnética y la tomografía computarizada son de gran ayuda. Se suele comenzar por la primera, ya que es inocua y sencilla.

En algunos casos es posible que se requiera realizar una biopsia del tejido hepático. Sobre todo si se sospecha alguna patología tumoral.

Obesidad es un factor de riesgo para hepatomegalia.
La obesidad es un factor de riesgo para la hepatomegalia, ya que la dieta rica en azúcares y grasas suele estar detrás del trastorno.

Tratamientos disponibles

La hepatomegalia en sí no tiene un tratamiento específico. El abordaje debe encaminarse a paliar la enfermedad de base. Además, en un gran número de casos se limita a adoptar una serie de hábitos saludables.

Cuando la causa es una hepatitis vírica se instaurará un tratamiento en función del virus y de la cronicidad del cuadro. Por ejemplo, la hepatitis B o C crónicas suelen tratarse con fármacos antivirales. Sin embargo, las agudas no requieren estas prescripciones.

La esteatosis como tal tampoco puede tratarse. La medida más importante es eliminar de forma total el consumo de alcohol. También habrá que modificar la dieta, reduciendo los alimentos ricos en grasas y azúcares.

Cuando la hepatomegalia es consecuencia de un proceso tumoral, el régimen terapéutico es complejo. Variará en función de las características del cáncer. Ante un tumor primario del hígado es posible que se realice cirugía.

También se puede hacer en ciertos casos en los que hay metástasis. No obstante, en estos pacientes se prefiere la quimioterapia. Algunas enfermedades hepáticas también se pueden resolver con trasplante de hígado.

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Estilo de vida y recomendaciones frente a la hepatomegalia

La hepatomegalia es una condición frecuente que se asocia a muchos factores de riesgo. Por eso hay una serie de medidas sencillas que ayudan a reducir el riesgo de padecerla.

Lo primero es evitar o reducir el consumo de alcohol. También hay que tratar de mantener una alimentación sana, rica en verduras y frutas. Si hay sobrepeso u obesidad es posible que esta situación mejore al perder peso.

Otra de las cuestiones fundamentales es evitar tomar medicamentos, vitaminas o suplementos que no son necesarios. Siempre hay que hacerlo con precaución y hablando primero con un especialista.

Lo que debemos destacar de nuevo es que la hepatomegalia en sí no es una enfermedad en sí misma. Sin embargo, sí es un signo que alerta de una patología de base. Por ello, cuando el hígado está aumentado de tamaño hay que tratar de encontrar la causa.

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